Me pasa cada vez que vuelvo. En la otra ciudad camino
conociendo las calles, sé que cruzaré a alguien conocido (es inevitable) y las
horas van con la calma de un río de llanuras. En esta ciudad, las esquinas tienen
nombres que me suenan pero sólo eso. Nadie sabe de
mí (casi nadie). Las bocinas, la música, las horas, se apilan como ladrillos, de
tamaño carprichoso, en un orden tambaleante, siempre a punto de caer.
la mano de fátima
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Érica Brasca no tiene una gran presencia en la web (me refiero a la web tal
como la pensó Tim Berners-Lee, la que funcionó hasta la primera década de
los...
Hace 3 días
Esa sensación de anonimato que uno tiene en la gran ciudad me resulta liberadora por momentos y me atemoriza también.
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