miércoles, 17 de marzo de 2010
Mensajes de texto que guardé por años
(Alejandra, una amiga travesti que quería participar de su primera marcha del orgulloGLTTB)
Feliz día, periodista.
(Mi padre)
Hola mon cheri me quedo re feliz por el depto beijo te cuida.
(Bia, una amiga brasilera que vive en el país y que supo antes que nadie que había conseguido nuevo depto porque ella tiene poderes telepáticos especiales)
Soy como la chica Flash Dance, de día metalúrgica y de noche bailarina.
(Mauricio, cuando consiguió trabajo en una fábrica)
Soñé contigo y me besabas.
(Fabricio)
Apareció la primera glicina. No hace mucho frío. Hay sol. Un día como hoy nacías. Recuerdo mi alegría.
(Mi madre, para mi cumpleaños)
Moreno, provincia de Baires 8 AM con el Turco, autopartes truchas, gitanos; 12 AM tren Moreno a Once caleidoscopio humano, 2 PM Corrientes y 9 de Julio, al fin un Mc Donalds.
(Mauricio)
Romero sabroso pícara pimienta dulce pastelito ¿cómo estás?
(Mauricio)
Hielo celestial, bendición pal whiskilín!
(Luis, durante una tormenta de granizo
jueves, 4 de marzo de 2010
Accesorios
Rodeada de espejos, todas mirábamos de soslayo nuestros reflejos para matar el tiempo mientras unas se iban y otras llegaban. No sé en qué parte de su cuerpo estarían concentradas ellas. Yo, en verdad, estaba interesada en investigar si me quedaba bien un muñequito de paño blanco con forma de prendedor que llevaba sobre un chaleco negro.
Nunca me gustaron los accesorios. Bueno, nunca me gustaron en mí. Una forma personal de prejuicio, supongo. Alguien que tiene tiempo para decidir cómo combinar una cadena con aros con relojes, por ejemplo, es alguien que tiene tiempo y dinero para sí. Porque previamente habrá decidido qué ropa ponerse, los zapatos, la cartera, si el pelo quedará recogido o no, en fin. Y a esas cosas no las puede elegir cualquiera porque no las compra todo el mundo, al menos profusamente. Y no es lo mismo elegir entre dos remeras que entre diez, o entre una remera y una camisa, ejemplo.
O sea, sobre el tiempo que a cualquiera le lleva arreglarse (suponiendo que tenga qué objetos elegir) toma aún más tiempo para sí alguien que no usa accesorios. Es como quien ha superado la fase de amoblar su departamento con muebles rejuntados entre amigos y parientes y puede elegir decoración de diseño.
Me interesan más las personas sin muchos accesorios. Y como yo llevaba un prendedor, algo inhabitual en mí, me preguntaba si me veía como esa gente que no me interesa.
Lo estaba decidiendo cuando sucedió algo entre dos mujeres y una niña, ninguna con muchos accesorios encima.
Entró al baño una mujer que miró la cola y se quedó al costado, junto con su hija. No hacía fila pero tampoco se iba. Esperaba. Nadie pareció reparar en ella. Le pregunté si necesitaba algo. Me dijo: "Mi hija se está haciendo pis". Le sugerí que esperase que saliera alguna de las chicas que ocupaban alguno de los tres baños, y dejara entrar a su hija, una nena de unos siete años. La mujer asintió. "No creo que ninguna de nosotras tenga problemas en dejar pasar una nena al baño", dije.
Es dificíl que alguna de las mujeres no hubiese escuchado el diálogo porque el lugar era diminuto. Pero las chicas siguieron desfilando hacia los inodoros como si no hubiera pasado nada. La mujer seguía esperando. Llevaba un jogging un poco estrecho sobre sus caderas anchas y tenía una bolsa de zapatería pero ninguna cartera, ningún aro, ningún maquillaje. La nena tenía una remera rosa con brillitos.
Entraron y salieron una, dos, tres chicas. Ninguna cedió su lugar.
Entonces pregunté en voz alta "¿Podemos ser tan amables de dejar que una nena vaya al baño?"
La chica que estaba por entrar miró a la mujer, a la nena y a mí. Se metió en el su cubículo mientras farfullaba "La mujer tiene lengua para hablar. Que pida ella si quiere algo".
Ahora que lo relato se me ocurren frases mordaces para haberle rerspondido. Soy periodista pero no tengo el talento de algunos periodistas para decir genialidades a cada rato. Como el periodismo argentino atraviesa un momento de genialidad inusual (con gente subida a la punta de su ego, con empresarios que compran medios pero ignoran todo del negocio, con sueldos por el piso, con la premisa de que hay que hacer de la realidad un espectáculo) se me complica aún más decir algo. Como la mujer con la nena.
En fin, podría haberle dicho a la chica que considera que hablar eso sólo asunto de lengua algunas genialidades sobre cultura, historia, lucha de clases, semiótica, feminismo. Todo eso, resumido por ejemplo en "Tener lengua no implica necesariamente que una mujer pueda hablar y decir lo que le pasa".
Pero la chica que hablaba de la lengua me dejó muda de sorpresa con su grosería. Sobre todo, porque mientras hacía pis despotricaba contra la mujer al otro lado de la puerta. Su hija, a todo esto, se había colado en un baño que estaba libre, quizás porque las mujeres que esperaban se distrajeron con la situación. Asi que desde la punta de su váter, la chica la explicaba a esta madre lo que significa ser madre, responsable, una perorata horrorosa y bienpensante que remató "porque si no defendés a tus hijos, es que no te ocupás de ellos, como las negras".
"Más negra serás vos", respondió la madre. Bueno, la protagonista de la película, Precious, también se horroriza un poco cuando ve que su maestra y protectora convive con su novia.
Y entonces se trenzaron en una discusión confusa, que se terminó cuando madre e hija se fueron mientras madre me decía "gracias".
La chica defensora de la lengua se quedó con la sangre en el ojo... ¡y esperó que yo saliera de mi cuota de váter para hacer pis! "Escuchame", me dijo. Tenía la piel blanca, la cara lívida y los ojos furibundos subrayados por un delineador oscuro. Estábamos en la zona de lavatorios. Una nueva cola de mujeres, más niñas, ninguna solidaridad con nadie. La chica me miraba desde el espejo mientras me lavaba las manos y las frotaba bajo ese calor artificial y cool que despiden las secadoras.
"Escuchame ¿vos no creés que es mujer es una negra que puede hablar sola?", escupió. UUUUUFFFF. Y encima, con su lógica darwinista a la violeta, agregó: "Te lo digo a vos, porque tenés cerebro". UUUUUFFFF.
"Perdete", se me ocurrió decirle sin ningún entusiasmo.
Desde entonces, ya no estoy segura de que carecer de accesorios te haga portador/a de más onda.
sábado, 27 de febrero de 2010
Sobre la escuela de arte de Perquin, en El Salvador
viernes, 12 de febrero de 2010
Cosas famosas
jueves, 11 de febrero de 2010
Poema para mi padre
Mi padre sonríe en la puerta.
Amanece sobre el pueblo dormido.
Él encendió las luces de la casa.
Entibió té
Que sorbí distraídamente
Mientras pensaba en vos, amor
En cierta melancolía
Que me produce cualquier viaje.
Como si supiese que, en medio de los tumbos,
los barquinazos
Siempre algo de alma se cae.
Él dijo: el aire está claro.
Y luego me acompañó
En silencio.
Desde el auto le digo adiós.
Mi padre es un niño
Despidiendo un barco de papel
Que sabe precioso, frágil
Las marcas que hizo en mí
al doblar mi corazón como un oregami
ahora son leves.
Ando sin temor al naufragio.
Sé.
Siempre algo de tu alma se cae.
domingo, 7 de febrero de 2010
Crónica de Mar del Plata
Termina la función. Unos salen, otros entran. Aparece una mujer vieja convertida en una especie de adolescente monstruosa, con el pelo platinado, los labios de bótox, una camisa transparente detenida sobre unas tetas falsas y el pantalón magenta, de raso, y el pibe al lado que no se sabe si es el hijo, el amante, el que le hace las compras y le poda el ligustro de la casa de fin de semana que esta señora quizás tenga y quizás no.
La mujer logra su entrada gratis. Dialoga con la chica que le hace prensa a Fort, menuda y bonita, que lleva los ojos muy maquillados y una cartera con brillos y zapatos de taco fino, llenos de tachas. Demasiados brillos, demasiadas tachas.
Una mujer paralítica espera que la pasen a buscar, según le explica a la chica de prensa. El tipo de la puerta deja pasar a los que van a ver la segunda función: señoras grandes que llevan los dedos envueltos en cinta scotch para que se aguanten las sandalias "de salir", chicos que quieren ver de cerca a esa especie de muñeco inflable del que habla todo el mundo, familias donde el varón lleva las bermudas y loz zoquetes a media pierna y la mujer al bebé colgado del hombro, parejas que se han puesto ropa de domingo demasiado ajustada.
Echan a uno que se hace pasar por ciego. La mujer paralítica sale también.
Cierran la puerta. Empieza la función. Todo es un poco triste. Y nadie se ríe de los chistes de Fort, quizás porque no se escucha bien lo que dice.
lunes, 25 de enero de 2010
Melincué (poema)
Sigo la ruta de unos patos
que han bajado hasta el borde de la laguna.
Los que nadan.
Los que acicalan sus plumas.
Los que graznan a borbotones
como si se les acabase el día.
Nadie molesta a los patos.
Los bañistas se han ido muy lejos,
aunque olvidaron aquí sus sombrillas.
Las paredes del hotel mudo
conservan una marca de agua
como arrugas del disgusto
que la inundación le ha causado.
Creo que debería quedarme un rato más así,
al acecho entre los juncos,
de espaldas contra el cielo.
¿Es este el sueño de volar
hacia las nubes
delgadas como viejos vestidos?
¿Habitás un hotel
en la otra orilla
sin mí?