Abre la puerta.
“Me miré al espejo y sólo hice chac con la tijera”,
dice.
Es inquietante cuando una chica
hace esas cosas, pienso.
El peluquero que emparejó el estropicio
no lo tomó bien.
A ella le hubiese gustado
que dejaran en paz su flequillo cuadrado y tupido
pero está sin fuerzas para decir no.
Me cuenta que mañana volverá a Londres.
Me muestra una ecografía de su útero.
En el informe se lee que tiene un quiste
de cinco centímetros.
No sabe cuándo volverá.
No sabe cuánto tiempo llevará todo.
Ella tiene los ojos transparentes.
Afuera, el sol es pesado.
Su mata de pelo cortada
descansa en una silla
como un abrigo bello e inútil.
eichmann (aún) vive en jerusalén
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El siguiente texto es parte del libro *Palestina: Anatomía de un*
genocidio, cuyo prólogo puede consultarse en el sitio de Tinta Limón
ediciones, que lo ...
Hace 4 semanas
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